viernes

Tratando de escapar, tropezó con el mismo suelo. Apenada por no saber su destino, volvió sobre sus pasos. Su valentía, se acobardó a un costado del camino. Todas sus emociones se alborotaron por llegar a la meta de una carrera sin fin. La soledad iba ganando. La tristeza, siempre competitiva, intentaba quitarle el primer lugar. Así era su vida; correr sin una razón siquiera, correr y ver una meta inalcanzable que, con cada paso, se alejaba más. Esforzarse para llegar a nada. Mantener el último hilo de esperanza sin cortarse, por más débil que sea. Esperar a alguien que la ayude, que la salve de esa pesadilla, alguien que parecía nunca llegar. Su mente estaba en blanco, nada podía pensar. Cayó rendida al suelo. Giró su cabeza y vió una luz que invadió todo el lugar. La carrera había terminado.
Despertó de su pesadilla, aún un poco asustada, y de a poco una sonrisa se fue dibujando en su cara al verlo durmiendo a su lado. Al ver que todo había sido solo un sueño.

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